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Location: Madrid, Madrid, Spain

Tuesday, August 15, 2006

SILENCIO & ÓPERA

Silencio

Silencio. Nada se mueve, nada respira, solo una pequeña esfera, inerte, inmóvil, se divisa en mitad del oscuro tapiz. Lentamente la imagen aumenta, poco a poco divisas grietas en el cuerpo redondeado y cristalino. Un sonido, leve al principio, ensordecedor al cabo de unos segundos; de nuevo silencio. La esfera ha estallado. No queda nada. Estás solo, está oscuro. Hace frío; tienes miedo. Lloras, una lágrima resbala por tu mejilla humedeciéndola casi imperceptiblemente, se escurre por la comisura de tus labios y cae, salta al infinito. De pronto una luz. Te ciega. La temperatura aumenta rápidamente, sientes como se secan tus glóbulos oculares, el dolor es casi indescriptible cuando empiezan a resquebrajarse. Gritas y la oscuridad absorbe tu voz. Vuelves a gritar, nada, no se escucha nada. De pronto un crujido, tus ojos han cedido; en su lugar quedan dos cuencas vacías y oscuras. Hace frío otra vez, es lo único que sientes. Te mueves, das vueltas de forma lenta y tediosa. Un sonido, lejano, apenas audible. Parece el eco del viento que rebota en las paredes de unas montañas. Algo toca tu piel. Es agua, resbala por todo tu cuerpo y entra por tu boca, humedeciendo tu labios secos y calmando tu sed. De repente te encuentras mareado, algo se retuerce en tu interior. Te duele, no puedes soportarlo y te desmayas. Tu cuerpo inerte se rompe y desaparece.
Silencio. Nada se mueve, nada respira, solo una pequeña esfera, inerte, inmóvil, se divisa en mitad del oscuro tapiz.

Ópera

Las luces se apagaron y el recinto quedó en una penumbra brillante y sugestiva. El murmullo de la respiración de todos los espectadores tenía un efecto como soporífero, que abotargaba los sentidos. A través de unos invisibles altavoces comenzó a sonar una melodía oscura, que envolvía toda la sala. El telón, de color rojo carmesí, fabricado en terciopelo, se alzó y dejó al descubierto una escena gótico-romántica en la que unos actores-cantantes interpretaban con efusividad la famosa obra de Andrew Lloyd Webber.

La mujer rubia y menuda que interpretaba a Christine parecía sacar su voz desde las profundidades del infierno y cada una de sus notas arrancaba un suspiro ahogado de los espectadores. Un hombre alto y con el pelo castaño exhibía una capa negra y roja atada al cuello y una máscara blanca cubría parte de su rostro. Utilizando las cuerdas del telón a guisa de lianas atravesaba la escena o se escondía en las sombras y alimentaba su obsesión por Christine. Una voz de barítono atravesaba el teatro y hacía retumbar los palcos cada vez que su boca se abría para decir algo.

Y otro hombre, con una potente voz de bajo se le enfrentaba y luchaban y las lágrimas de los espectadores inundaban el suelo cubierto de moqueta. Y así El Fantasma nos ofrecía "La música de la Noche".

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